sábado, 30 de abril de 2016

La primera Eucaristía que celebró Juan Pablo II al Camino Neocatecumenal

Sin el Pontificado de Juan Pablo II no se puede comprender la dimensión eclesiológica y pastoral que alcanzará el Camino durante más de dos décadas, cuando el carisma se asienta, discierne, valora y corrige. En lo referente a la celebración Eucarística de las comunidades neocatecumenales Juan Pablo II tuvo oportunidad de entrar en contacto con las mismas años antes de ser Papa, al introducir el Camino en su diócesis de Cracovia. Durante varios años guió y acompañó con discernimiento pastoral dichas celebraciones y pudo contrastar los abundantes frutos de conversión que proporcionaban una perfecta síntesis de catequesis y liturgia vivido dentro de la pequeña comunidad.





Entre los frutos destacaban el surgimiento de numerosas vocaciones a la vida consagrada, especialmente para el presbiterado. Siendo Papa quiso celebrar una Eucaristía con los jóvenes seminaristas que habían descubierto su vocación a la vida sacerdotal dentro del Camino. El 3 de julio de 1983 los invitó, junto con los iniciadores del Camino, a celebrar juntos una Eucaristía de acción de gracias en los jardines vaticanos. Acudieron varios cientos, muchos de ellos de Roma, 

La Eucaristía se preparó y celebró como se hacía en el Camino a petición expresa del Papa: Se colocó un gran altar en el medio de la Asamblea, tras el ambón, y la Sede Presidencial, donde estaba el Papa acompañado por más de treinta sacerdotes. La Eucaristía se celebró comulgando con las dos especies, con pan ácimo, y adelantando el rito de la paz antes del ofertorio. 



En la homilia el Santo Padre dijo: 'Queridos seminaristas y queridos jóvenes: la misión del apóstol es una misión sublime, entusiasmante y que se dirige al bien de todo el mundo; requiere una generosidad tan grande que supera con mucho las capacidades del hombre (...) Deseo que seáis apóstoles alegres en el ejercicio de la propia misión, para que seáis conscientes, confiados, espiritualmente libres. Los discípulos enviados por Jesús 'volvieron muy contentos'. También vosotros, durante estos años de preparación al sacerdocio, aprendéis el arte de ser alegres, no por motivos humanos, sino basándoos en la certeza de que 'vuestros nombres están inscritos en el cielo', estos es, que sois predestinados del amor de Cristo Jesús. Él os ha llamado de vuestras familias, del seno de vuestras comunidades eclesiales, para convertiros en sus colaboradores, sus sacerdotes, dispensadores de sus divinos misterios'.

La homilía completa fue publicada al día siguiente en L'Osservatores Romano (4-5 julio 1983). Al terminar la Eucaristía el Papa añadió: 'Hemos participado en una liturgia muy bella, llena de vida, llena de oración, llena de corazón. Os doy las gracias por esta ocasión'

No fue el único encuentro que tuvo con seminaristas procedentes del Camino Neocatecumenal. Al año siguiente, el 31 de marzo de 1985, se reunió con 1.200 jóvenes seminaristas en la misma Capilla Sixtina. En esta ocasión les saludó con mucho cariño e indicó: 'Y esto es un fruto de la meditación del misterio del bautismo, por eso no me extraña que en vuestro movimiento surjan vocaciones; ello confirma que este movimiento es un movimiento auténtico y corresponde a su índole y denominación'.






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