jueves, 5 de mayo de 2016

La influencia del movimiento litúrgico en la renovación Conciliar y el Camino Neocatecumenal


Las celebraciones litúrgicas que se dan en las comunidades neocatecumenales, y que son uno de los ejes fundamentales del Neocatecumenado, como son la celebración de la Eucaristía, de la Palabra, Convivencias, Escrutes, Salmos, Temas, Alianzas, Pasos, Ritos y las preparaciones previas que comportan, no se podrían entender ni se hubieran podido dar sin la gran renovación litúrgica del Concilio Vaticano II, que bebe a su vez de las grandes intuiciones del movimiento litúrgico. 


La cuestión litúrgica fue recibida a principios del Siglo XX como una necesidad para hacer frente a la confrontación que se estaba dando entre la Iglesia y el mundo moderno. Aunque los orígenes del impulso renovador de la liturgia hay que buscarlos en la restauración monástica iniciada en Solesmes a mitad del Siglo XIX por el Abad Guéranger, se puede concretar que no fue hasta 1909, en Malines (Bélgica) cuando nació propiamente el movimiento litúrgico a raíz del Congreso nacional des oeuvres catholiques, y se extendió rápidamente por toda Europa con la apertura de Institutos litúrgicos y Cátedras universitarias sobre liturgia. El movimiento proponía hacer viva y eficaz la celebración de los misterios cristianos, de modo que los ritos ‘hablasen’ a los hombres de hoy.

En el camino del movimiento litúrgico se pueden considerar diversas etapas y momentos, caracterizadas por la acción de diversos estudiosos de varios países europeos, incluidos Romanos pontífices, como Pio X que en 1903 en el Motu proprio Tra le sollecitudini habla por primera vez de participación activa en la liturgia.

El movimiento litúrgico, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, incluyó tres fases y perspectivas: histórica, teológica y pastoral. Los primeros grandes teólogos de este movimiento los encontramos en Alemania, con Odo Casel y Romano Guardini entre otros, que profundiza este último en la dimensión eclesial de la liturgia, donde puntualiza que el sujeto de la liturgia no es el individuo sino la comunidad de los creyentes. El máximo representante de la etapa pastoral fue Pio Parsch, que desarrolló su intensa actividad pastoral bíblica y litúrgica en Viena, en la década de los años 20. En su libro Liturgisch Erneuerung describe la importancia de la vida cristiana de la comunidad y el marco de su actividad litúrgica, y mostraba su preocupación porque en la Iglesia primitiva se vivía la fe y la Misa ‘con la mayor participación de todo el pueblo’, tras la misma tenían un almuerzo común o Ágape, y en la comunidad ‘no se contentaban con hablar de liturgia, la vivían’. Pio Parsch escribirá ‘la renovación de la parroquia por medio de la liturgia’ donde apunta numerosas claves que ayudarán en el Concilio a identificar la vida cristiana con la iniciación a la fe dentro de la parroquia poniendo como fundamento y cenit la liturgia: La liturgia debe ser algo comprensible, no solo oculto, sino edificación de los fieles, formación cristiana, estímulo de santidad. Indicaba además que es todo el pueblo que debe pasar de sujeto pasivo a agente activo en las celebraciones, y para ello había dos medios fundamentales: formación bíblica y participación en los ritos y preces. 

Pero fue fundamentalmente el P. Bernard Botte (1883-1980) monje de Mont César y primer director del Instituto Superior de Liturgia de Paris, de 1956 a 1964, uno de los padres de la renovación litúrgica del Vaticano II y de la Sacrosantum Concilium. El P. Botte había sido uno de los mayores estudiosos de la Traditio de S. Hipolito donde se describe uno de los métodos catecumenales de las primeras comunidades cristianas. Él inspiró la idea, expresada sobre todo en la Sacrosanctum Concilium, que los esfuerzos de la renovación litúrgica serían inútiles sin una adecuada formación litúrgica de los sacerdotes. A principios de la década de 1950, organizó cursos de verano de estudio para profesores de liturgia en Mont César. Los eruditos a cuya formación contribuyó son una parte importante de su legado. Él es el autor de Le mouvement Liturgique: Témoignage et souvenirs, (1973) tr. Del silencio a la participación (1988).

Fue el Instituto Superior de Liturgia de París uno de los más importantes en la formación de numerosos liturgistas y Obispos que participarán en el Concilio, con la intención de establecer análisis de estudio de la Liturgia de la Iglesia primitiva en los primeros siglos, para comprender mejor los significados y símbolos que había acompañado a la Iglesia en sus liturgias durante sus primeros siglos de existencia: ‘Es evidente, pues, que las disposiciones conciliares concuerdan con los modelos de la Iglesia primitiva’ expresaba Monseñor Paul Joseph Cordes, el que fuera encargado del apostolado de las Comunidades Neocatecumenales y Prefecto del Pontificio Consejo Cor Unum en su libro ‘Una Participación activa’

Esta importancia queda reflejada en el interés que señala la Sacrosantum Concilium en el nº 42: ‘Hay que trabajar para que florezca el sentido comunitario parroquial, sobre todo en la no con la celebración común de la Misa dominical’, y relaciona la práctica cristiana primitiva de la reunión en un mismo lugar con el objetivo de desarrollar y profundizar el sentido comunitario de los creyentes. Varios de los discípulos del P. Botte fueron el P. Louis Bouyer (1913-2004) y el P. Pedro Farnés (1925 - )[1], ambos claves en la concepción y desarrollo de las celebraciones litúrgicas y distribución del espacio sagrado del Camino Neocatecumenal[2]. El P. Bouyer fue un prestigioso teólogo y liturgista francés profesor en el Instituto Católico de París, dos veces nombrado por el Papa en la Comisión Teológica Internacional. Fue consultor del Consejo de Vaticano II para la liturgia, la Congregación para el Culto y la Secretaría de la Unidad de los Cristianos, mientras que el P. Pedro Farnés es un reconocido liturgista barcelonés, que había bebido de la tradición propia del Movimiento Litúrgico que había tenido particular raigambre precisamente en Cataluña hacía 1915, fecha en la que tuvo lugar el I Congreso Litúrgico de Montserrat. También fue en aquella fecha cuando empezó a publicarse la revista litúrgica ‘Vida Cristiana’, con notoria influencia litúrgica del monasterio Benedictino de Montserrat, algunos miembros del mismo habían participado activamente en las comisiones del Consilium postconciliar. En 1956 tuvo lugar en Asís el famoso Congreso de Pastoral Litúrgica al que asistieron de Cataluña los Obispos Jubany, Masnou, Pont i Gol y los presbíteros Pedro Farnés, Pedro Tena (que más tarde sería Obispo auxiliar de Barcelona) y algunos seglares. Aquel mismo año de 1956 se organizó en Barcelona, presidido por el Obispo Mons. Modrego, un Congreso litúrgico diocesano, donde se pidió elaborar un ‘Directorio sobre la Misa’ y la creación de un Secretariado litúrgico diocesano. Fue el P. Farnés uno de los cinco encargados de la comisión para la elaboración del mismo. Poco después, en 1958, se pidió al Obispo crear el denominado ‘Centro de Pastoral Litúrgica’, a imagen del de París, que comenzó pocos meses antes del inicio del Concilio, y en cuyo consejo estuvo también el P. Farnés. Recientemente ha sido Rector del Seminario Conciliar de Barcelona, Canónigo de la Catedral y profesor Emérito de la Facultad de Teología.

Los fundadores del CLP (Centro de Pastoral Litúrgica) tenían un tendencia amistosa con sus homólogos franceses, con liturgistas como Roguet, Martimort, y Gy, con los que se mantuvo un intenso contacto, fundamentalmente porque muchos habían estudiado juntos en el Instituto Superior de Liturgia de París. 

Gracias al Movimiento Litúrgico es conocido que uno de los puntos centrales del Concilio Vaticano II fue la renovación litúrgica y dentro de la misma un punto fundamental fue el de actuosa participatio[3] (consciente[4], plena, activa[5] y fructuosa[6]), contemplada como una exigencia necesaria de la naturaleza de la misma liturgia. En cierto sentido ya no entendemos la liturgia como una simple acción cultual sino también salvífica. Por tanto la celebración y la participación ya no se pueden reducir a un mero elemento accesorio u ornamental. La función de los fieles no es ya la de acudir a la Iglesia y mientras se celebraba el Misterio ‘estar’, como sucedía comúnmente, sino la de participar plenamente de aquello que era la razón de su vida: Cristo

La clave con los motivos de todo el movimiento litúrgico y posterior reforma conciliar se puede vislumbrar en un extracto del prólogo del libro ‘Historia de la Misa’ del P. Jose Luis Diez y Gutierrez O’Neil S.J publicado en Madrid (España) en 1941. En el Prólogo explica los motivos del libro y expone: ‘A nosotros nos ha empujado principalmente una comparación que de tiempo atrás nos veníamos haciendo a diario. Descubríamos, por una parte, las sublimidades dogmáticas, pedagógicas y artísticas contenidas en la Sagrada Liturgia de la Iglesia Católica; por otra, cada día tropezábamos con la ignorancia e incomprensión más absolutas de tales Misterios de verdad y de belleza, en la infinita mayoría de los fieles cristianos. Tal comparación nos hizo preguntarnos una y otra vez: ¿Por qué razón no llega a la multitud apenas la más mínima partícula de ese pan de la mesa de Dios? ¿es que son ahora los fieles los autómatas de la fe? (…) la liturgia cristiana, principalmente la liturgia de la Santa Misa, yacía olvidada, cubierta con el polvo de la incomprensión (…) A este interrogante, fácil es presentar una contestación que explique toda la incógnita. Los fieles oyen poco o casi nada de la historia de la liturgia. Exceptuando unos contados simbolismos ya populares, nuestro pueblo cristiano se considera ajeno a cuantas ceremonias ve representadas en nuestras iglesias y catedrales. 

La reforma litúrgica ha proporcionado, por tanto, argumentos sólidos para permitir celebrar una liturgia viva y eficaz en un espacio adecuado, comprensible para el pueblo santo de Dios, que le hace entrar y participar del misterio pascual de nuestro Señor Jesucristo: ‘No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo Sacrificio del altar[7]. Sin embargo existen todavía muchos interrogantes por resolver sobre el modo de celebrar y aplicar más fielmente dicha reforma en las parroquias, siendo fieles al espíritu conciliar, aun cuando existen numerosas disposiciones y prescripciones que han sido publicadas por la Congregación para el Culto durante el post-Concilio[8] para orientar en las adaptaciones y dudas que aparecían al respecto.

En la publicación ‘la Reforma Litúrgica’ de la Asociación Española de Profesores de Liturgia en 2001[9] precisamente se preguntaban: ¿Vale la pena mantener unas estructuras litúrgicas carentes de vida o tendremos la humildad de dejarnos llevar por las manifestaciones actuales del Espíritu en la Iglesia? ¿Seremos capaces de abrirnos a los Movimientos Eclesiales y a sus celebraciones litúrgicas y a la vida espiritual en sus nuevos planteamientos?

La pregunta realizada por los liturgistas españoles planteaba varias cuestiones fundamentales a la hora de entender ciertas prácticas litúrgicas realizadas por algunas realidades eclesiales, entre ellas el Camino Neocatecumenal, con la intención de mejorar la participación y comprensión de la celebración: en primer lugar si dichas celebraciones litúrgicas son lícitas, y en segundo lugar si son extensibles al resto de la Iglesia.

Ya el Papa Juan Pablo II en el Sínodo de los Obispos de 1985 había afirmado que ‘la renovación litúrgica es el fruto más visible de la obra conciliar’ por lo que no es un aspecto secundario para la vida de la Iglesia. Para muchos, el mensaje del Concilio Vaticano II (en opinión de los comentarios de la Comisión Episcopal de Liturgia a cerca de la Ordenación General del Misal Romano, 2002) ha sido percibido ante todo mediante la reforma litúrgica. Además, existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida. Con palabras de uno de los documentos relativamente más reciente Juan Pablo II: ‘la Iglesia encuentra en la liturgia la expresión más alta de su realidad mistérica’[10]

La liturgia, como indica su propio nombre, es una urgía, un érgon, no un lógos. La liturgia no es una doctrina, sino una acción. La liturgia no es para ‘pensarla’, sino para ‘hacerla’. Al mismo tiempo que ha habido un desarrollo teológico, la celebración litúrgica ha sufrido, casi en el mismo momento de la aplicación de la reforma conciliar, el impacto de la desacralización y secularización. Durante todos estos años la reforma ha afrontado e intensificado la preparación previa de las celebraciones, carente en las asambleas dominicales por parte de la inmensa mayoría de fieles: ‘Ojalá esta preparación aumente’ indicaba Mons. Pere Tena[11] en el libro ‘La Reforma Litúrgica’ anteriormente indicado, matizando que la ‘preparación de la celebración implica espiritualmente y doctrinalmente un prepararse para la celebración’. 

Decía Pedro Fernández Rodriguez (O.P), Profesor de la Universidad Pontifica de Salamanca:Si queremos una nueva celebración, necesitamos una nueva evangelización. Las asambleas litúrgicas verdaderas se construyen solo con personas evangelizadas y convertidas (…) Con frecuencia se celebra la Liturgia como una obligación, deprisa, dando la impresión que hay en nuestra vida cosas más urgentes que hacer. Preguntémonos, pues, cómo celebrar la iniciación cristiana de modo que sea una verdadera profesión de fe, manifestando la verdadera conversión[12].

La liturgia, por tanto, no solamente ha sido uno de los puntos centrales de estudio y revisión por el Concilio Vaticano II sino que es también uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene el mismo Neocatecumenado, cuyo trípode ‘Palabra-Liturgia-Comunidad[13] apareció concretizado en la experiencia de las chabolas con los pobres. La praxis litúrgica de las Comunidades Neocatecumenales vino además acompañada y tutelada por ésta renovación litúrgica que se estaba realizando en la Iglesia a raíz del Concilio, como explicaba el mismo Kiko Argüello en una convivencia con 120 Obispos de Latinoamérica: ‘Hemos visto en las barracas un Palabra, una síntesis teológico-catequética, una forma de predicación. Dios estaba haciendo con esto, para mandarlo a su Iglesia, una liturgia que era del Concilio; no nos hemos inventado nosotros nada. Hemos enseñado a la gente a vivir la liturgia, a contemplar, a experimentar la alegría del encuentro con Dios en los sacramentos[14]

La vida litúrgica de las comunidades ayudó en la gestación de un modelo eclesial ‘comunitario’, visible en la manera de celebrar y participar como estaba indicando la reforma: A partir del Concilio el ‘modo de orar y de celebrar de los católicos ha cambiado profundamente. Del devocionalismo, subjetivismo, individualismo e intimismo, que dominaba en la liturgia preconciliar, se ha pasado a un plegaria, a una vida sacramental fundamentalmente más objetiva, más bíblica y más comunitaria[15] 

Así se entiende que la liturgia celebrada, vivida y participada estaba llamada a catalizar el ‘laboratorio sacramental[16] en el que se convertía la pequeña comunidad, con el fin de ayudar a la gestación de la fe en tantos alejados y no iniciados en los misterios sacramentales, como expresó el mismo Juan Pablo II a los iniciadores del Camino en Audiencia privada el 25 de noviembre de 1985.

Posteriormente Benedicto XVI lo había remarcado también, veinte años después, en la Audiencia al Camino Neocatecumenal del 12 de enero de 2006 para el envío de 200 familias a la misión: ‘la importancia de la liturgia, y en particular de la santa misa, en la evangelización, y vuestra larga experiencia puede confirmar bien cómo la centralidad del misterio de Cristo, celebrado en los ritos litúrgicos, constituye un camino privilegiado e indispensable para construir comunidades cristianas vivas y perseverantes.

En resumen ‘en el campo litúrgico – como decía el P. Juan José Calles[17]- la praxis del Camino Neocatecumenal ha sido pionera en no pocos aspectos ya desde los primeros intentos innovadores ensayados en las barracas de Palomeras: la celebración de la Eucaristía en torno a la Mesa con pan ácimo y la comunión del cáliz por parte de la asamblea; la participación activa a través del canto, las moniciones, los ecos de la Palabra de Dios, las oraciones de los fieles, el beso de la paz… Este incipiente ensayo litúrgico a modo de pequeño laboratorio sacramental será el inicio de una renovación litúrgica en profundidad que el Camino Neocatecumenal llevará a las parroquias con la firme convicción de estar concretando ‘de hecho’ las grandes intuiciones y orientaciones que el Concilio Vaticano II pide para toda la Iglesia[18]



NOTAS:



[1] Kiko Argüello contaba en la Lección inaugural para el Curso de Teología en el Seminario Conciliar de Barcelona de Septiembre de 2003 como Carmen había insistido en que conociera al P. Farnés: ‘Tienes que escuchar a un profesor que ha venido de París, que estaba dando clases en el Instituto Pastoral León XIII (…) y empezamos ya a escuchar a Farnés y fue verdaderamente sensacional…’. Era el año 1964. Como también indica el Padre Mario Pezzi, presbítero del Equipo Responsable Internacional del Camino, en su documento de la convivencia de transmisión de 2008 ‘el Padre Farnés no solamente ha transmitido a Carmen, y a través suya a Kiko, y por tanto al Camino, la renovación litúrgica del Concilio, sino que ha acompañado personalmente el desarrollo del Camino ofreciendo su específico asesoramiento sobre todo en el diálogo con la Santa Sede’. 


[2] El P. Farnés Scherer ha escrito numerosos libros sobre el Espacio sagrado, como el libro‘Construir y adaptar las Iglesias’. También el P. Bouyer ha escrito numerosos textos sobre la cuestión, como el libro: Arquitectura y Liturgia 


[3] Como señala Martimort, la participatio actuosa era el objetivo esencial de la restauración litúrgica. Martimort, La Iglesia en oración. Herder. Barcelona, 1967., p. 80. Además se encuentra recogida en los nn. 14 y 19 de SC. 


[4] La participación nace de la fe, de la certeza que, cuando nos integramos en la Liturgia, estamos uniéndonos con el mismo Dios que se nos manifiesta a través de ella. 


[5] Que se manifiesta. 


[6] Debe producir un fruto de salvación. 


[7] Instrucción Redemptionis Sacramentum sobre la Eucaristía (n.4) 


[8] Una de las últimas instrucciones sobre normas litúrgicas en la Eucaristía ha sido la ‘Redemptionis Sacramentum’ Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía de la Congregación para el Culto, publicada el 25 de marzo de 2004. 


[9] Dossier de los aspectos teológicos de la reforma litúrgica publicado en el contexto de la reunión anual de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (AELP) tenido en Roma en febrero del 2000. 


[10] S.S Juan Pablo II, Carta apostólica Spiritus et Sponsa en el XL aniversario de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, 16 


[11] Mons. Pere Tena i Garriga, Obispo auxiliar de Barcelona, promotor y Director del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, Subsecretario de la Congregación del Culto divino y Presidente de la Comisión de liturgia de la CEE. 


[12] La Reforma Litúrgica – Asociación Española de Profesores de Liturgia. Ed. Grafite. Bilbao 2001 


[13] Así lo recogen los Estatutos del Camino en su artículo 8.2: ‘Las catequesis iniciales y el itinerario neocatecumenal se basan en los tres elementos fundamentales (trípode) de la vida cristiana, resaltados por el Concilio Vaticano II: Palabra de Dios, Liturgia y Comunidad’. 


[14] Kiko Argüello – Exposición del Camino Neocatecumenal a 120 Obispos de América Latina – Santo Domingo (República Dominicana) - 1992. 


[15] Maldonado, L., ‘Liturgia. El Vaticano II y la Constitución sobre liturgia’, en Conceptos fundamentales de la Teología”, Cristiandad, Madrid 1979 


[16] ‘La comunidad se convierte en laboratorio sacramental, esto es, en un lugar privilegiado del crecimiento en la fe y de su verificación’. Mons. Paul Joseph Cordes, ‘Una participación activa. Aproximación a la celebración de la Eucaristía en pequeñas comunidades’ Ed. Grafite, Bilbao 2008. 


[17] Nacido en Vitigudino el 8 de Agosto de 1960, fue ordenado sacerdote el 25 de Septiembre de 1988. Ha trabajado pastoralmente en las parroquias de Guijuelo, Guijo de Ávila y Campillo (1988-1999) y durante los años 1999 al 2004 ejerció de párroco in solidum moderator en numerosas parroquias de la comarca. Fue Vicario de Pastoral de la diócesis los años 1998-2003. El 1 de Septiembre de 2006 fue nombrado Párroco de Cristo Rey. Es Doctor en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia de Salamanca. 


[18] ‘El Camino Neocatecumenal. Un catecumenado parroquial’ J.J Callés Garzón. Publicaciones Universidad Pontifica de Salamanca. 2005 (p.322)

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